24 de agosto de 2012
Ensayo sobre la ética documental
El género documental, aunque pertenece a la categoría de la no ficción, y defiende la
objetividad en la aproximación a la realidad, también propone un tratamiento creativo
de la misma, a partir del cual construir un discurso. Estas dos posibles aproximaciones
a la realidad dan pie a una consideración de la ética en la realización documental.
La ética es una valoración moral sobre las acciones de la vida diaria y la conducta
humana: la vida práctica de los seres humanos, alrededor de la cual se construye un
sistema de valores, con respecto a lo que es bueno o malo. El sistema de valores
genera un código moral que llega a ser diferente dependiendo de aspectos como la
cultura o la religión, pero que incluso llega a ser diferente en cada ser humano.
El código moral es una serie de principios que aplicados a la vida práctica, suponen un
desarrollo normal de las relaciones interpersonales. Este código moral interviene por
supuesto, en los medios de comunicación. Por eso es que en el cine documental existe
una discusión sobre la ética, en especial por la aproximación a la realidad de la que ya
se habló.
Se puede afirmar que la ética que se maneje en el discurso documental, es la que
define qué tipo de documental es. El documental tiende a la ficción cuando cumple
deseos y presenta mundos posibles, se concentra en la subjetividad de hechos y
personajes reales. El documental se comporta realmente como no ficción cuando
representa visiones del mundo y realidades sociales respetando estrictamente la
objetividad. Cuando se ponen en consideración los efectos sobre el mundo real que
tienen los productos documental, hace todavía más presencia la ética, a través de la
responsabilidad ética que tiene el discurso manejado al ser presentado a un público.
Aparte de la ética que se maneja en el discurso documental, el código moral está
indudablemente presente durante la todo el proceso de realización de un documental,
ya que se trata de acercarse, crear una relación con unos personajes, una situación o la
naturaleza de un lugar, de tal manera que este sujeto nos permita documentarlo.
Como productor del documental “El Habitante del Lienzo” estuve involucrado es más
decisiones éticas durante el proceso de realización del documental, que cualquiera de
los otros departamentos (aparte del director), pues mi labor era atender todas las
necesidades prácticas y materiales que necesitara el proyecto para construir el
discurso, lo que implicó que me relacionara directamente con los personajes,
representantes de lugares de grabación, patrocinadores, habitantes del lugar donde se
grabó y mi equipo de producción. Mi sistema de valores tenía que ser muy abierto
pues tenía que relacionarme con muy diferentes personas, y mis decisiones éticas
debían ser muy cuidadosas pues de ello dependía realmente la realización del
documental.
En primer lugar, tuve que adaptarme a la decisión ética que el director, Esteban
Lopera, estaba tomando con respecto al tema que quería tratar. Por lo tanto, siendo el
tema la manifestación de la individualidad de Jesús Antonio Arango, pintor de Santa
Rosa de Osos, en medio de las tradiciones religiosas predominantes del pueblo,
tuvimos que amoldarnos al sistema de valores que íbamos a manejar con relación a
Antonio, y al pueblo. Además, mi trabajo como productor debía hacer posible el
tratamiento, el plan narrativo con el que Esteban quería trabajar este tema, por lo que
tuve que asumir la decisión ética de que llevaríamos a cabo, en primera instancia, una
alteración de la realidad en cuanto a una situación particular con el personaje.
Jesús Antonio Arango nació en Santa Rosa de Osos y es hijo de Salvador Arango,
reconocido artista del municipio, que ejerció como copista de arte religioso y
restaurador. De su padre tomó Antonio el oficio de pintor (también copista y
restaurador). Cuando murió su padre, una pequeña herencia y una casa quedaron en
manos de la familia Arango, pero con esto comenzaron algunas dificultades con
Antonio pues su madre y hermana, en especial, no aceptaban el estilo de vida que
Antonio había adoptado como artista. Antonio es introvertido, habla poco pero llama
mucho la atención, pues por sus gustos artísticos, decidió tener un estilo de
vestimenta bien particular, se dejó la barba y el cabello largos y enmarañados, y en su
cuerpo decidió hacer numerosos tatuajes, entre ellos, uno que ocupa casi el 90% de su
rostro. Antonio vivió hasta su adultez en el municipio, y con su oficio y forma de ser y
actuar adquirió una fama y presencia en el municipio, tanto positiva porque le
generaba trabajo e ingresos, como negativa por los comentarios que generada entre la
conservadora y muy católica población de Santa Rosa. En esta etapa de la vida de
Antonio es que Esteban conoció al personaje, y de cómo se comportaba en este
entonces, es que se construyó el concepto que el director quería transmitir de
Antonio. Con el paso de los años, su madre y hermana comenzaron a tener mayor
rechazo por el estilo de vida de Antonio, por lo que Antonio tomó un poco sus cosas y
se trasladó al municipio de Envigado, donde vive actualmente de una manera muy
humilde, ejerciendo como pintor por encargo.
Así es entonces como se llega a que para trabajar este tema, con este personaje que
había adoptado Esteban para discurso, tuvimos que asumir que había que trasladarlo a
Santa Rosa de Osos para la grabación del documental, donde se recrearía su casa y la
rutina que tenía en el pueblo cuando vivía allí.
La decisión ética principal para comenzar a trabajar fue la de que se haría en el
documental una representación de la vida que Antonio llevaba en el municipio cuando
vivía allí, para comparar esto con el estilo de vida regido por la religión que lleva el
municipio. Con esto se pone a juicio la autenticidad documental que tiene la película,
pues la representación requirió buscar en el pueblo un lugar donde recrear la
habitación y parte de la casa donde vive Antonio, además de poner en escena
comportamiento del personaje en el pueblo. Esto nos enfrentó a que teníamos que
lograr que esta representación fuera verídica como creíble, pues de cualquier manera
significa un engaño al público que llega al producto asumiendo que es un documental,
que trata la realidad.
Esteban como director, y yo como productor, llegamos a un acuerdo en que se debía
romper el código moral en cuanto a que el engaño al público sin duda no es positivo,
pero es necesario para transmitir una reflexión sobre la cultura religiosa de alguna
manera opresora de Santa Rosa de Osos, y cómo un estilo de vida fuera de lo común
puede manifestarse dentro de este status quo, sin necesariamente alterarlo. Para esto
necesitaríamos puestas en escena y recreaciones, pero que no nos acercaban
demasiado al género de la ficción, pues pensando en lo que podíamos aportar al hacer
un documental como acercamiento a la realidad, fundamentado en la realidad,
adquirimos un compromiso de que todo lo que mostramos con relación al personaje
principal, lo que iba a ser sometido a representaciones, estaría basado en una
exhaustiva investigación a la que se le dedicó mucho tiempo y esfuerzo. La
investigación se concentró en lograr un buen rapport con el personaje para que este
nos compartiera, además de una descripción de su estilo de vida, el porqué del mismo.
Nos adentramos en la vida de Antonio para conocer qué rutina tiene en Envigado, y
qué cosas solía hacer cuando estaba en Santa Rosa (lo cual encontró verificación por
haber estado Esteban presente en esta época). También se puso mucho empeño es
comprender el espacio en el que vive, para recrearlo lo más fielmente posible.
La investigación fue entonces esencial para el acercamiento a este personaje, y
también a los demás personajes y al pueblo mismo. Está bien que lo relacionado con el
personaje principal carece de total autenticidad a pesar de estar fundamentado en la
investigación, pero está acompañado de una labor que se acerca mucho más al código
moral del género documental en cuando al acercamiento a los diferentes personajes
que muestran los oficios y cotidianidad del pueblo. Para tratarlos a ellos también se
llevó a cabo una exhaustiva investigación para conocer su rutina y el espacio en el que
se desenvuelven, lo cual al final se plasmó en video de la manera más verídica posible:
estos personajes sí están haciendo lo que realmente hacen, en su entorno natural.
Una vez aceptada esta decisión ética que tiene que ver con el discurso que quería
manejar Esteban para el tema (que también incluía una decisión en la que se haría un
tratamiento subjetivo de los comportamientos de ambas partes - Antonio y pueblo –
para generar mejor la reflexión individualidad-religión), yo construí mi labor alrededor
de esta decisión.
Mi decisión ética como productor al momento de relacionarme con los personajes fue
ser receptivo a su sistema de valores. Para los habitantes del pueblo que aparecen en
nuestro documental ejerciendo sus diferentes oficios, el sistema de valores que
predomina es uno católico. Más allá que yo responda a al mismo sistema de valores o
no, el respeto por sus palabras, acciones y espacios predomina. Para llegarle a ellos y
que nos permitieran documentarlos, siempre se habló con ellos personalmente, se les
dio a conocer el tema y se les dijo cómo su oficio y lo que queríamos grabar podía
contribuir al discurso que trabajamos en el documental. Siempre se les dijo que
estábamos de alguna manera comparando la cotidianidad del pueblo, de la que ellos
hacen parte, con el estilo de vida de Jesús Antonio Arango, a quien reconocían; y se les
dijo que su imagen sería utilizada en posiblemente en festivales de cine y proyecciones
en Medellín y el mismo pueblo, a lo que accedieron. Que ellos conocieran el tema y la
naturaleza del proyecto y accedieran a participar (con los trámites legales de los que
yo como productor me encargué) siempre fue importante para nosotros, pues antes
de grabar el diálogo con ellos alimentaba el discurso y se generaban idea para
transmitir la reflexión sobre el tema. Posteriormente, como realizadores nos
ubicábamos en una posición respetuosa del personaje, y lo dejábamos ejercer su
oficio, interviniendo de alguna manera al decirle qué parte de su oficio nos interesaría
mostrar, pero nunca diciéndole cómo hacerlo ni limitándolo en el tiempo de su
ejecución. Los personajes con los que trabajamos manifestaban al final agrado por el
momento que pasábamos con ellos, de alguna manera les gustaba la atención, y
nosotros les dimos el gusto. Mi compromiso como productor fue siempre agradecerles
mucho por su colaboración, y planeo entregarles una copia del documental cuando se
termine.
Con relación a Antonio, una vez que se decidió cómo íbamos a hacer el tratamiento de
su realidad (un tratamiento representativo y creativo de su realidad), nos trasladamos
con él a Santa Rosa de Osos y por tres días (de los seis que tuvimos de rodaje) él se
convirtió en otro miembro del equipo. Al principio consideramos esto una ventaja,
pues con la confianza que se creó a Antonio ya no le daba vergüenza mostrarse como
realmente era ante la cámara, lo que nos proporcionaba material más llamativo y
verídico. La posición de la cámara funcionó de la misma manera que con los demás
personajes: era respetuosa en acción, no se le decía cómo hacerlo ni se lo limitaba,
pero se intervenía al decirle qué hacer.
Sin embargo, esta relación tan cercana con él, fuera de escena, se fue tornando algo
complicada. Como productor, siempre traté a Antonio con el mayor respeto posible, le
proporcioné excelente alimentación y alojamiento en Santa Rosa, y le daba espacios
suficientes espacios de descanso para que no lo agobiaran las grabaciones. Pareciera
que él se sintió tan a gusto que comenzó a pedir un poco más, o que pensó que lo
tratábamos tan bien porque sin él no teníamos documental, lo que lo ponía a cargo, y
empezó a abusar de ello. Antonio comenzó a hacer sugerencias de lo que podíamos
grabarlo haciendo, a alterar el espacio que de acuerdo a la investigación habíamos
organizado por él, para que se viera “mejor”, y a exigir algunas retribuciones que
venían una vez se terminara la grabación. Dirección y producción entendimos que para
que estas actitudes no se tornaran un serio problema, había que darle hasta un
término medio. De la manera más clara y respetuosa se le decía a Antonio que lo
podíamos hacer a su manera, pero primero a la nuestra; que el espacio debía ser como
estaba debido a que respondía a necesidades de la película, y yo como productor, le
aclaré que le podíamos proporcionar sólo algunas de las cosas que pedía como
retribución.
Antonio llegó a ser comprensivo con estos límites, y su actitud no llegó a afectar
realmente su presencia en la cámara, pues siguió llevando a cabo acciones que le eran
muy naturales. Pero en algunos momentos era llevado de su parecer, y esto intervino
con el proceso de grabación. La peor experiencia con esto fue en la capilla de La
Sagrada Familia, en la que su padre pintó frescos que ocupan todas las paredes, una
obra de una calidad que hace llamar la capilla la “Capilla Sixtina”. En esta, Antonio
debía simular que estaba haciendo un trabajo de restauración de uno de los frescos; se
le dijo que no era necesario que realmente pintara sobre la pared, ya que esto se
trataba cinematográficamente. Pero Antonio no escuchó, y en algún momento por
descuido de parte del equipo (que ya estaba advertido por mí que no se lo podía
permitir pintar), en un momento en el que yo no me encontraba presente, Antonio
hizo cuatro pinceladas de azul sobre un fresco ubicado detrás del altar de la capilla.
Superada la rabia con mi equipo por el descuido, y habiéndole manifestado con mucho
respeto a Antonio su error, tuve que enfrentarme al dilema ético de contarle o no a la
encargada de la capilla lo que había sucedido. Decidí, teniendo en cuenta la opinión de
mi equipo, que decía que no se notaba mucho la alteración a la pintura, que no era
necesario confesarlo. Pero como decisión ética reconozco que fue un grave error, y
todavía me arrepiento de ello.
A pesar de lo anterior, y de lo difícil que fue llegar a la decisión ética del tratamiento
que le daríamos a Antonio y al pueblo en el documental, esto hace parte parte de otra
decisión ética relacionada con la función de nuestro documental. Considero como
productor, y consideramos como equipo, que todo se hizo en función de transmitir un
discurso que reflexiona sobre las posibilidades de la manifestación de la individualidad
en medio de las tradiciones religiosas predominantes del pueblo. No queremos
cambiar el mundo, tampoco queríamos mostrar el pueblo en su completitud y
modernización. No queremos destapar una problemática, tampoco queríamos engañar
al público sino ofrecerle ciertas puestas en escenas basadas en una ardua
investigación. Queremos que la gente disfrute de un producto audiovisual muy bello y
llamativo, y proponer una reflexión cultural y social. Consideramos que lo estamos
alcanzando a medida que vamos terminando el documental; las impresiones del
público cuando se dé a conocer, dirán si realmente lo logramos.