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¿Ético?

Felipe Montoya C.C. 1152447567 Productor del documental “El Habitante del Lienzo”

24 de agosto de 2012






Ensayo sobre la ética documental El género documental, aunque pertenece a la categoría de la no ficción, y defiende la objetividad en la aproximación a la realidad, también propone un tratamiento creativo de la misma, a partir del cual construir un discurso. Estas dos posibles aproximaciones a la realidad dan pie a una consideración de la ética en la realización documental. La ética es una valoración moral sobre las acciones de la vida diaria y la conducta humana: la vida práctica de los seres humanos, alrededor de la cual se construye un sistema de valores, con respecto a lo que es bueno o malo. El sistema de valores genera un código moral que llega a ser diferente dependiendo de aspectos como la cultura o la religión, pero que incluso llega a ser diferente en cada ser humano. El código moral es una serie de principios que aplicados a la vida práctica, suponen un desarrollo normal de las relaciones interpersonales. Este código moral interviene por supuesto, en los medios de comunicación. Por eso es que en el cine documental existe una discusión sobre la ética, en especial por la aproximación a la realidad de la que ya se habló. Se puede afirmar que la ética que se maneje en el discurso documental, es la que define qué tipo de documental es. El documental tiende a la ficción cuando cumple deseos y presenta mundos posibles, se concentra en la subjetividad de hechos y personajes reales. El documental se comporta realmente como no ficción cuando representa visiones del mundo y realidades sociales respetando estrictamente la objetividad. Cuando se ponen en consideración los efectos sobre el mundo real que tienen los productos documental, hace todavía más presencia la ética, a través de la responsabilidad ética que tiene el discurso manejado al ser presentado a un público. Aparte de la ética que se maneja en el discurso documental, el código moral está indudablemente presente durante la todo el proceso de realización de un documental, ya que se trata de acercarse, crear una relación con unos personajes, una situación o la naturaleza de un lugar, de tal manera que este sujeto nos permita documentarlo. Como productor del documental “El Habitante del Lienzo” estuve involucrado es más decisiones éticas durante el proceso de realización del documental, que cualquiera de los otros departamentos (aparte del director), pues mi labor era atender todas las necesidades prácticas y materiales que necesitara el proyecto para construir el discurso, lo que implicó que me relacionara directamente con los personajes, representantes de lugares de grabación, patrocinadores, habitantes del lugar donde se grabó y mi equipo de producción. Mi sistema de valores tenía que ser muy abierto pues tenía que relacionarme con muy diferentes personas, y mis decisiones éticas debían ser muy cuidadosas pues de ello dependía realmente la realización del documental. En primer lugar, tuve que adaptarme a la decisión ética que el director, Esteban Lopera, estaba tomando con respecto al tema que quería tratar. Por lo tanto, siendo el tema la manifestación de la individualidad de Jesús Antonio Arango, pintor de Santa Rosa de Osos, en medio de las tradiciones religiosas predominantes del pueblo, tuvimos que amoldarnos al sistema de valores que íbamos a manejar con relación a Antonio, y al pueblo. Además, mi trabajo como productor debía hacer posible el tratamiento, el plan narrativo con el que Esteban quería trabajar este tema, por lo que tuve que asumir la decisión ética de que llevaríamos a cabo, en primera instancia, una alteración de la realidad en cuanto a una situación particular con el personaje. Jesús Antonio Arango nació en Santa Rosa de Osos y es hijo de Salvador Arango, reconocido artista del municipio, que ejerció como copista de arte religioso y restaurador. De su padre tomó Antonio el oficio de pintor (también copista y restaurador). Cuando murió su padre, una pequeña herencia y una casa quedaron en manos de la familia Arango, pero con esto comenzaron algunas dificultades con Antonio pues su madre y hermana, en especial, no aceptaban el estilo de vida que Antonio había adoptado como artista. Antonio es introvertido, habla poco pero llama mucho la atención, pues por sus gustos artísticos, decidió tener un estilo de vestimenta bien particular, se dejó la barba y el cabello largos y enmarañados, y en su cuerpo decidió hacer numerosos tatuajes, entre ellos, uno que ocupa casi el 90% de su rostro. Antonio vivió hasta su adultez en el municipio, y con su oficio y forma de ser y actuar adquirió una fama y presencia en el municipio, tanto positiva porque le generaba trabajo e ingresos, como negativa por los comentarios que generada entre la conservadora y muy católica población de Santa Rosa. En esta etapa de la vida de Antonio es que Esteban conoció al personaje, y de cómo se comportaba en este entonces, es que se construyó el concepto que el director quería transmitir de Antonio. Con el paso de los años, su madre y hermana comenzaron a tener mayor rechazo por el estilo de vida de Antonio, por lo que Antonio tomó un poco sus cosas y se trasladó al municipio de Envigado, donde vive actualmente de una manera muy humilde, ejerciendo como pintor por encargo. Así es entonces como se llega a que para trabajar este tema, con este personaje que había adoptado Esteban para discurso, tuvimos que asumir que había que trasladarlo a Santa Rosa de Osos para la grabación del documental, donde se recrearía su casa y la rutina que tenía en el pueblo cuando vivía allí. La decisión ética principal para comenzar a trabajar fue la de que se haría en el documental una representación de la vida que Antonio llevaba en el municipio cuando vivía allí, para comparar esto con el estilo de vida regido por la religión que lleva el municipio. Con esto se pone a juicio la autenticidad documental que tiene la película, pues la representación requirió buscar en el pueblo un lugar donde recrear la habitación y parte de la casa donde vive Antonio, además de poner en escena comportamiento del personaje en el pueblo. Esto nos enfrentó a que teníamos que lograr que esta representación fuera verídica como creíble, pues de cualquier manera significa un engaño al público que llega al producto asumiendo que es un documental, que trata la realidad. Esteban como director, y yo como productor, llegamos a un acuerdo en que se debía romper el código moral en cuanto a que el engaño al público sin duda no es positivo, pero es necesario para transmitir una reflexión sobre la cultura religiosa de alguna manera opresora de Santa Rosa de Osos, y cómo un estilo de vida fuera de lo común puede manifestarse dentro de este status quo, sin necesariamente alterarlo. Para esto necesitaríamos puestas en escena y recreaciones, pero que no nos acercaban demasiado al género de la ficción, pues pensando en lo que podíamos aportar al hacer un documental como acercamiento a la realidad, fundamentado en la realidad, adquirimos un compromiso de que todo lo que mostramos con relación al personaje principal, lo que iba a ser sometido a representaciones, estaría basado en una exhaustiva investigación a la que se le dedicó mucho tiempo y esfuerzo. La investigación se concentró en lograr un buen rapport con el personaje para que este nos compartiera, además de una descripción de su estilo de vida, el porqué del mismo. Nos adentramos en la vida de Antonio para conocer qué rutina tiene en Envigado, y qué cosas solía hacer cuando estaba en Santa Rosa (lo cual encontró verificación por haber estado Esteban presente en esta época). También se puso mucho empeño es comprender el espacio en el que vive, para recrearlo lo más fielmente posible. La investigación fue entonces esencial para el acercamiento a este personaje, y también a los demás personajes y al pueblo mismo. Está bien que lo relacionado con el personaje principal carece de total autenticidad a pesar de estar fundamentado en la investigación, pero está acompañado de una labor que se acerca mucho más al código moral del género documental en cuando al acercamiento a los diferentes personajes que muestran los oficios y cotidianidad del pueblo. Para tratarlos a ellos también se llevó a cabo una exhaustiva investigación para conocer su rutina y el espacio en el que se desenvuelven, lo cual al final se plasmó en video de la manera más verídica posible: estos personajes sí están haciendo lo que realmente hacen, en su entorno natural. Una vez aceptada esta decisión ética que tiene que ver con el discurso que quería manejar Esteban para el tema (que también incluía una decisión en la que se haría un tratamiento subjetivo de los comportamientos de ambas partes - Antonio y pueblo – para generar mejor la reflexión individualidad-religión), yo construí mi labor alrededor de esta decisión. Mi decisión ética como productor al momento de relacionarme con los personajes fue ser receptivo a su sistema de valores. Para los habitantes del pueblo que aparecen en nuestro documental ejerciendo sus diferentes oficios, el sistema de valores que predomina es uno católico. Más allá que yo responda a al mismo sistema de valores o no, el respeto por sus palabras, acciones y espacios predomina. Para llegarle a ellos y que nos permitieran documentarlos, siempre se habló con ellos personalmente, se les dio a conocer el tema y se les dijo cómo su oficio y lo que queríamos grabar podía contribuir al discurso que trabajamos en el documental. Siempre se les dijo que estábamos de alguna manera comparando la cotidianidad del pueblo, de la que ellos hacen parte, con el estilo de vida de Jesús Antonio Arango, a quien reconocían; y se les dijo que su imagen sería utilizada en posiblemente en festivales de cine y proyecciones en Medellín y el mismo pueblo, a lo que accedieron. Que ellos conocieran el tema y la naturaleza del proyecto y accedieran a participar (con los trámites legales de los que yo como productor me encargué) siempre fue importante para nosotros, pues antes de grabar el diálogo con ellos alimentaba el discurso y se generaban idea para transmitir la reflexión sobre el tema. Posteriormente, como realizadores nos ubicábamos en una posición respetuosa del personaje, y lo dejábamos ejercer su oficio, interviniendo de alguna manera al decirle qué parte de su oficio nos interesaría mostrar, pero nunca diciéndole cómo hacerlo ni limitándolo en el tiempo de su ejecución. Los personajes con los que trabajamos manifestaban al final agrado por el momento que pasábamos con ellos, de alguna manera les gustaba la atención, y nosotros les dimos el gusto. Mi compromiso como productor fue siempre agradecerles mucho por su colaboración, y planeo entregarles una copia del documental cuando se termine. Con relación a Antonio, una vez que se decidió cómo íbamos a hacer el tratamiento de su realidad (un tratamiento representativo y creativo de su realidad), nos trasladamos con él a Santa Rosa de Osos y por tres días (de los seis que tuvimos de rodaje) él se convirtió en otro miembro del equipo. Al principio consideramos esto una ventaja, pues con la confianza que se creó a Antonio ya no le daba vergüenza mostrarse como realmente era ante la cámara, lo que nos proporcionaba material más llamativo y verídico. La posición de la cámara funcionó de la misma manera que con los demás personajes: era respetuosa en acción, no se le decía cómo hacerlo ni se lo limitaba, pero se intervenía al decirle qué hacer. Sin embargo, esta relación tan cercana con él, fuera de escena, se fue tornando algo complicada. Como productor, siempre traté a Antonio con el mayor respeto posible, le proporcioné excelente alimentación y alojamiento en Santa Rosa, y le daba espacios suficientes espacios de descanso para que no lo agobiaran las grabaciones. Pareciera que él se sintió tan a gusto que comenzó a pedir un poco más, o que pensó que lo tratábamos tan bien porque sin él no teníamos documental, lo que lo ponía a cargo, y empezó a abusar de ello. Antonio comenzó a hacer sugerencias de lo que podíamos grabarlo haciendo, a alterar el espacio que de acuerdo a la investigación habíamos organizado por él, para que se viera “mejor”, y a exigir algunas retribuciones que venían una vez se terminara la grabación. Dirección y producción entendimos que para que estas actitudes no se tornaran un serio problema, había que darle hasta un término medio. De la manera más clara y respetuosa se le decía a Antonio que lo podíamos hacer a su manera, pero primero a la nuestra; que el espacio debía ser como estaba debido a que respondía a necesidades de la película, y yo como productor, le aclaré que le podíamos proporcionar sólo algunas de las cosas que pedía como retribución. Antonio llegó a ser comprensivo con estos límites, y su actitud no llegó a afectar realmente su presencia en la cámara, pues siguió llevando a cabo acciones que le eran muy naturales. Pero en algunos momentos era llevado de su parecer, y esto intervino con el proceso de grabación. La peor experiencia con esto fue en la capilla de La Sagrada Familia, en la que su padre pintó frescos que ocupan todas las paredes, una obra de una calidad que hace llamar la capilla la “Capilla Sixtina”. En esta, Antonio debía simular que estaba haciendo un trabajo de restauración de uno de los frescos; se le dijo que no era necesario que realmente pintara sobre la pared, ya que esto se trataba cinematográficamente. Pero Antonio no escuchó, y en algún momento por descuido de parte del equipo (que ya estaba advertido por mí que no se lo podía permitir pintar), en un momento en el que yo no me encontraba presente, Antonio hizo cuatro pinceladas de azul sobre un fresco ubicado detrás del altar de la capilla. Superada la rabia con mi equipo por el descuido, y habiéndole manifestado con mucho respeto a Antonio su error, tuve que enfrentarme al dilema ético de contarle o no a la encargada de la capilla lo que había sucedido. Decidí, teniendo en cuenta la opinión de mi equipo, que decía que no se notaba mucho la alteración a la pintura, que no era necesario confesarlo. Pero como decisión ética reconozco que fue un grave error, y todavía me arrepiento de ello. A pesar de lo anterior, y de lo difícil que fue llegar a la decisión ética del tratamiento que le daríamos a Antonio y al pueblo en el documental, esto hace parte parte de otra decisión ética relacionada con la función de nuestro documental. Considero como productor, y consideramos como equipo, que todo se hizo en función de transmitir un discurso que reflexiona sobre las posibilidades de la manifestación de la individualidad en medio de las tradiciones religiosas predominantes del pueblo. No queremos cambiar el mundo, tampoco queríamos mostrar el pueblo en su completitud y modernización. No queremos destapar una problemática, tampoco queríamos engañar al público sino ofrecerle ciertas puestas en escenas basadas en una ardua investigación. Queremos que la gente disfrute de un producto audiovisual muy bello y llamativo, y proponer una reflexión cultural y social. Consideramos que lo estamos alcanzando a medida que vamos terminando el documental; las impresiones del público cuando se dé a conocer, dirán si realmente lo logramos.